“Si cuando estás en la calle la gente se gira para mirarte, puede deberse a una estas de estas tres razones: no vas bien vestido, vas demasiado rígido y ajustado o vas demasiado a la moda”
Esto afirmaba el dandi inglés GB Brummell, estilista del rey Jorge IV en la Inglaterra del s. XIX. Entre otras cosas, Beau Brummel estableció el protocolo del vestuario masculino, vigente hoy en día e introdujo el uso de la luneta, precursora del monóculo. El manejo de este elemento óptico, suspendido de su cuello a través de una cinta, le aportaba un toque intelectual que le hacía aún más interesante.
Si bien la moda puede ser vista como una construcción social, con normas y tendencias impuestas, también nos ofrece la oportunidad de construir nuestra propia identidad. Nuestro vestuario, nuestras gafas y el resto de complementos dicen mucho de nosotros. Las personas podemos comunicar mucha información a través de nuestros estilismos: rasgos de nuestra
personalidad, nuestros valores, nuestro estado de ánimo y hasta
la dimensión que le damos a un acontecimiento.
En constante cambio y evolución, lo que hoy consideramos “a la moda” puede no serlo mañana, esto no hace más que subrayar su naturaleza efímera y subjetiva. De hecho, si miramos algunas fotografías de hace años puede sorprendernos nuestra propia apariencia. Una apariencia que creíamos puntera y vanguardista y que ahora entendemos desfasada.
Los diseñadores y las firmas establecen directrices que posteriormente son acogidas por cada sector para establecer una determinada estética. A medida que los medios de comunicación y las redes sociales se hacen eco de estos estilismos, nuestro cerebro identifica estas imágenes como actuales y modernas y por ello, apetecibles. Lo que antes pudiera resultarnos antiestético o extraño ahora nos resulta atractivo.
El sector óptico no se queda atrás, la actual corriente sesentera ha disparado los tamaños de las gafas de modo que el público las identifica con las que utilizaban las azafatas del mítico concurso televisivo: “Un, dos, tres… responda otra vez”.
El aumento de tamaño presenta algunas ventajas, ya que proporciona un mayor campo visual y permite la inserción de lentes progresivas en cualquier modelo. Lo que en consecuencia, facilita su adaptación. Atrás quedaron los diseños de progresivos “short” o “mini” para gafas minúsculas. Pero, ¿qué pasa con los casos de media y alta potencia en los que cada milímetro cuenta a la hora de optimizar espesores? En este sentido, las gafas grandes no hacen más que complicarlo todo. Así que nos toca reconducir la elección hacia otros modelos, con la inevitable frustración del cliente.
Por otro lado, no todos los rostros resultan favorecidos con estos tamaños. Los pómulos prominentes y las narices de escaso tabique resultan inapropiados para una gafa que apoya antes en la cara que en la nariz y que se mueve al gesticular.
En nuestra labor de “asesores de imagen” debemos abordar cada caso de manera muy particular, examinando bien las dimensiones del rostro, su forma y los apoyos. La selección de una montura adecuada y cómoda es fundamental para conseguir el éxito en cualquier adaptación. Nuestro paciente/cliente agradecerá consejos que van más allá de los meramente estéticos y subjetivos, la moda es importante pero no a cualquier precio. En líneas generales nuestros clientes priman su salud y confort visual por encima de las tendencias del mercado.
No obstante, hoy en día las gafas han alcanzado la categoría de complemento y son un elemento más desde el que construir nuestro outfit. Los usuarios se plantean tener más de una gafa para acompañar su imagen con el vestuario.
En un mundo globalizado lo fácil es pensar que la moda es un concepto objetivo y universal. Pero LA MODA, en mayúsculas, debiera ser una apreciación personal según la perspectiva individual y cultural de cada sujeto. Su naturaleza dinámica y cambiante refleja la diversidad de gustos, valores y contextos sociales. La moda no es más que la percepción subjetiva de la realidad que cada cual experimentamos y la manera en que la integramos en nuestras vidas.
Antonio García Sánchez
Óptico-Optometrista Col. 11748
