Este escaparate de Navidad ha sido nuestra apuesta más minimalista. Esta es la razón por la que nos atrevimos a trabajar la fachada por primera vez. Para ello, confeccionamos una guirnalda vegetal rematada por una corona. De esta forma, aportábamos volumen y continuidad hacia la calle.
Como base, utilizamos esponja de floristería preparada para tal fin, sobre la cual fuimos insertando ramilletes de madroño y quejigo. Posteriormente adornamos con unos toques artificiales en color oro y una cinta de organza también dorada.
Resultó un trabajo muy entretenido al tiempo que gratificante, en el que empleamos más de diez horas. Lo más complicado vino con el traslado, ya que se trataba de nueve metros de guirnalda con un volumen considerable. El motivo vegetal aportó un aire anglosajón al montaje que gustó mucho a nuestros clientes y público en general.
Para el interior, empapelamos las paredes con papel decorativo en pan de plata y suspendimos unas lámparas espejadas en oro y plata. Este espejado, permitía ver las bombillas de filamento en la noche y no durante el día. Así, la apariencia de estas grandes bolas de vidrio era totalmente distinta dependiendo del momento del día.
Todos los elementos de este escaparate estaban suspendidos del techo consiguiendo un efecto aéreo y volátil. La integración del producto (gafas) la conseguimos con terrarios de vidrio transparente colocados de forma aleatoria.
Para ganar contraste situamos en el suelo una alfombra de fieltro negra sobre la que lanzamos estrellas y puntos dorados, a fin de simular el firmamento. Este fue, sin duda, el momento más divertido y gratificante. Además, acabó por darle todo el significado al conjunto.
Este escaparate se alzó con el primer premio en el Concurso de Escaparates de Navidad que organiza la Cámara de Comercio de Ciudad Real.














